viernes, 14 de febrero de 2014

Instrucciones para subir una escalera

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
 
FIN
 
Julio Cortázar

martes, 11 de febrero de 2014

Adriana Varela, sobre Tango y Rock


Tremendamente inmensa es Adriana Varela. Tremendamente humilde, también. Una persona sencilla que cuando sube a un escenario es un huracán. Su impronta ilumina el mundo entero. Tuve la suerte de conocerla en una nota que me toco hacerle, junto a Damian Urquiza, para la revista “El Cruce”. Revista  que publica la Universidad Nacional de Lomas de Zamora

Contrario a lo que pensaba, la note muy cercana al Rock. Aunque en algún punto, luego de descubrirlo, era una cercanía visible. Muy influenciada por Luis Alberto Spinetta, por los Beatles, por Charly Garcia. Pensé que iba a encontrarme con una persona con la que íbamos a hablar solo de tango y no fue así. En la nota nos contaba que su ADN musical está compuesto por el tango, pero también por el rock. 

Si tuvieses que definirte como artista ¿cómo te definirías?

Inconsciente. Lo cual no quiere decir irresponsable. Inconsciente. Para mí, si tuviera que definirme como artista. En verdad, yo no me autodefiniría. El tema de autodefinirse me parece un garrón. Pero si yo tuviera que definirme me definiría como una inconsciente. Absolutamente. Como en la vida (risas). Inconsciente para mandarme. Después, bueno, tengo como principio de realidad, tengo hijos, no es que estoy por las cornisas literalmente como dice Cacho. Literalmente no, Simbólicamente si.
 
Hoy se plantea la diferencia entre lo popular y lo masivo ¿como sentís esa relación?
Lo popular es espontáneo, no hay con que darle. Porque sobrevive. Y lo masivo son dos minutos, dos años o dos décadas. Pero históricamente no es nada. Lo vanguardista es clásico, lo vanguardista es esencial y termina siendo clásico. El tema de lo clásico no tiene que ver con la postura de una peluca del siglo XVI. Lo clásico es lo esencial, para mí. Te hablo de Hendrix o Zappa. ¡Luis Alberto Spinetta! ¡Nos rompió la cabeza! Yo era chiquita, un día lo vi por televisión, en blanco y negro, cantando una canción que me acuerdo que era “hoy todo el día en la ciudad” ¡y me partió la cabeza! En ese momento, yo era adolecente y lo vi al flaco y dije - wooow. Y despues, el surrealismo.
Mis hijos tienen a Luis como Dios y yo digo: “que buena onda”. Pero por otro lado pienso, que cagada que no pase otra cosa. Pero después digo ¿Por qué hay que protagonizar siempre el momento histórico? Bajemos el nivel de egos, o de hedonismo, y tomemos de los grandes. Nutrámonos de lo artístico de esos padres. Mis hijos tienen ese padre. Yo lo tuve como par. Y mis padres, que me nutrieron en algún momento, son (Homero) Manzi, (Enrique) Cadícamo. Ya tengo la Info de Luis (Spinetta), de Charly (Garcia), de todo lo que es rock & roll, de Beatles. Después me di vuelta y dije: ¿de dónde vengo? ¿Como es eso?

 
¿Sentís que todo eso te influencio?

Bueno. Yo empecé a abrir mi corazón y mi cuerpo con los Beatles o los Rolling Stone. Me paso una cosa hormonal que no lo puedo explicar. Lo hormonal no se puede explicar. Era muy chiquita. Me acuerdo que la primera vez que escuche a los Beatles fue en una reunión en un salón donde mis viejos me llevaron. Yo era chiquita, tenía 11 años, y escuche a los Beatles. Un tema. Ponele, Misery, Anna. Un doble. Y me quede. Me paso algo ese día que no me lo olvide más. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cómo es esto? ¿Soy una mujercita? ¡No! Ahí empezó una revolución que después iba a seguir con otras revoluciones.

Básicamente tus influencias son muchísimas…

Son muchas, claro. No te olvides que nosotros hemos vivido una época riquísima. Muy rica. Y también muy intensa. Y también muy peligrosa. Pero todo eso… el que no lo atravesaba…

Hay quienes dicen que después de los 70´ no se creó nada nuevo. ¿Qué opinas de eso?

¿Por qué hay que protagonizar?  Cuando una persona se pone sobre una mesa a decir cómo puedo ser diferente, ya yo dudo de que pueda ser un artista. Tiene que vibrarlo. Y si es diferente mejor. Y si no es diferente... qué se yo. Yo no soy una creativa. Yo no soy una mina que se ponga a escribir o que se ponga a pintar. Pero dudo de la gente que se obliga a ser nueva. Y eso de que no pasó nada nuevo, yo te digo que los 80´y los 90´, en el mundo, hubo un vacío que lo globalizado fue, mal globalizado, un parate cultural. Y por otro lado, los que veníamos con Info fue descubrir músicas de otras aldeas. Pero siempre world music, no lo masivo. Aprovechamos para escuchar flamenco, sevillanas, fados. Y otros se subieron a las radios a escuchar a Madonna.


¿Sentís que hay una revalorización del Tango en el exterior?

Sí! Pero hace rato. Hay estudios filosóficos interesantísimos sobre el tango. Hay filósofos jóvenes que están hablando todo el tiempo del tango. Es la propuesta de ver al otro. El encuentro. Todo lo que es simbólicamente la otra edad, le decía yo. De los cuerpos. Los jóvenes en España (es un papelón) te van a decir: Adriana, ¿bailas un tango? Y yo les digo que no. Que no bailo, canto. ¡¿Pero cómo? ¿No sabes bailar un tango?! Y no, no se bailar un tango. Ni Ahí, ni en Holanda. No sé, yo canto. Pero todos están en el tema. El que no escucha tango baila tango. Obviamente los pibes que eligen el tango en todo el mundo tienen una cabeza muy particular. En general, o son muy populares, o son muy leídos. O son muy buscadores. Son muy copados. Son sectores más bien progres. Curiosos, fundamentalmente curiosos... Y apasionados.

Pensas que el tango se puede “vestir de barrio”, andar por Pompeya y, en ocasiones, vestir de etiqueta para quedarle muy bien a Recoleta.

Y si! Ese es el tema. Ahí va. Cadicamo siempre lo dice. Por que en esa movida de Paris en esos años estuvieron todos, Hemingway,  En midnight, la película de woody Allen, donde justamente en el 20 un escritor atraviesa el tiempo medio mágicamente se encuentra con Sartre, con Hemingway, con Picasso, con un monton de escritores, y bueno aca estuvo Cadicamo y me lo contaba a mí. Yo estuve con este, este y este y yo decía wooow. ¿Qué fuerte no? Es como otro Siglo, con esas mujeres blancas, esas boquillas largas (me sale esa cosa de mina, romántica). Y el chabón que iba al frente que se tomaba todo y escribía. Esos eran lugares de mucha mistura. Estaba el aristócrata, estaba Dali y estaba el chabón que terminaba mal. El tango era esa época. El principio de los 20 te diría. Entonces esta empapado de todo eso. De toda esa cultura que nosotros no hemos mamado. No hemos atravesado vivencialmente la tenemos ancestralmente. Entonces, es universal.

 
*fragmento y adaptación de la nota realizada a Adriana Varela para la revista El Cruce - Agosto 2013.